Munilla

Origen Histórico

El origen histórico de Munilla podría descifrarse del estudio del Menhir de Monte Valderreville o de la "Piedra escrita" de San Vicente de Munilla, desaparacida tras unas prospecciones geomineras.


En el s. III a.C., los Pelendones habitaban la parte alta de los valles fluviales riojanos, pastoreando cabras, vacas y caballos.
El nombre de Munilla, regalo para los romanos, puede señalar su origen como dádiva a legionarios romanos licenciados de la cercana Calagurris y asentamiento de los primeros cristianos. Se habla de la estela romana que se conservaba en la calle Cantón o de la lápida, con inscripción latina, en Iglesia de San Miguel.


Tras las invasiones de pueblos del norte, el Islam (s. VIII), se adentra en la península y establece sus fortificaciones en localidades próximas (Arnedo, Kan de Vico, familia Banu Qasi). El reparto de tierras trae a los berberiscos al cauce alto del valle del Cidacos, donde conviven con los cristianos allí huidos.

En el s. X, Munilla, zona fronteriza entre dominios cristianos y musulmanes, fue dotada de un CORTIJO: rudimentaria fortaleza, en lugar alto, para vigilar llegada del enemigo y refugio de sus vecinos; al que se añadirían murallas defensivas y un castillo en el paraje "Las Torres".

El Rey Sancho III de Navarra (1004-1035) y su hijo, Don García "el de Nájera", incorporan a su reino los Cameros y el Alto Cidacos.

Con la Repoblación en marcha y el Señorío de Cameros, organización económica, jurídica y administrativa en manos de Fortún Oxoiz y descendientes, se desarrolló durante siglos la vida de Munilla y pueblos vecinos.

Las hermanas del séptimo señor vivieron en Munilla y sus aldeas, donando sus propiedades en las mismas al Convento de San Prudencio de Clavijo.

En escrituras fechadas en 1156-1179 el Obispo Rodrigo Cascante cedía al Cabildo de Calahorra sus derechos sobre los diezmos de Munilla.

En 1336,  Enrique de Trastámara, aclamado Rey de Castilla, regaló al caballero navarro Juan de Arellano el Señorío de los Cameros, que a finales del S. XV funcionaría como Mayorazgo, manteniendo la integridad del mismo y la prevalencia de la primogenitura en su trasmisión.

Munilla contaría con un JUez de Distrito, un Alcalde Ordinario, Castillo con Alcaide, Monteros Mayores en los bosques y otros cargos de gobierno.

Tras la bonanza de 1560 a 1570: gran riqueza ganadera, importación de lanas, buenos precios de cereales y vinos, incremento de población; vienen cien años de penurias y motines contra el Señor, Conde de Aguilar e Inestrillas, por mantener sus fueros.

En los siglos XVIII y XIX contó con importantes talleres de fabricación de paños, nacidos al amparo de La Mesta y la trashumancia, que sostenían una población y  una economía pujantes. Prosperidad que permitió contar en el siglo XVIII con un hospital propio.

Dato curioso es la existencia de un taller de órganos y doradores de retablos.

El catastro del año 1753 da cuenta de cuatro benefactores de la localidad: Francisco López de Urbina, que fundo una obra pía para Huérfanos; Juan de la Cuadra y Solana, que la fundó para atender a las huérfanas; Juan de Espinosa, quien legó fincas y rentas para auxilio de estudiantes; y Bartolomé Sáenz de la Vega, quien dejó parte de sus bienes para los huérfanos de la villa.

Al establecerse el censo de la nueva provincia de Logroño, en 1840, reunía Munilla 2360 habitantes, cifra que disminuyó con la desaparición de las industrias textiles, y, más tarde, con la instalación en Arnedo, Calahorra y Logroño de las fabricas de calzado existentes en el pueblo (a partir de 1933-50).

Munilla fue el  primer pueblo de La Rioja en contar con luz Eléctrica gracias a los saltos de agua y a las norias para poder mover las maquinas de los paños así como las maquinas del calzado.

También contó con tres fabricas de chocolates. Se conservan algunos edificios en paraje de Las Vargas, fábrica propiedad de la familia Hijos de  Justo Aguirre, reconocida con importantes premios a nivel nacional e internacional por la calidad de sus chocolates a principios de s. XX.

 

 

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